Naturaleza y paisajes

Sendero de los Puentecitos y Cascada de la Cervigona.

  Comienzo en la presa de “El Prado De Las Monjas” y después de cruzarla un par de veces para ver el paisaje desde ambos lados, me adentro en la “Senda de los Puentecitos”, nombre que viene dado, imagínenselo, porque hay que pasar por unos cuatro puentes de madera; el  primero para cruzar la propia Ribera de Acebo, ya después de haber dejado unas decenas metros atrás la cola del pantano; el segundo para pasar un arroyo que desemboca a esta rivera aunque nace en la vecina comunidad autónoma de Castilla y León; el tercero para un segundo arroyo afluente de la misma rivera, hasta ahora todos en perfecto estado; y el cuarto, si se le puede llamar puente a dos palos de madera de dudosa resistencia, era lo poco que quedaba en donde parece ser hubo otro puente en perfecto estado, de todas formas fue fácil cruzar al otro lado aquí, bordeando “los palos-puente”.

  Hasta este punto el sendero es fácil de seguir no tiene mucho misterio, un camino paralelo a la Ribera de Acebo, con un paisaje de monte típico, lo más dificultoso fue pasar por algunos tramos de densa vegetación y evitar arañarme con las ramas. Un poco más adelante llegamos al que se supone el final de esta senda, las ruinas de una antigua y pequeña central hidroeléctrica.

  A partir de aquí ya dejamos atrás la Ribera de Acebo y seguimos por el Regato de los Alisos, en el cual se encuentra la Cascada de la Cervigona. La dificultad del terreno hace que tengamos que separarnos un poco del regato, y las pocas señales de senda dificultan el seguir por el camino correcto y perderse un poco en los bosques densos que continúan, sin peligro eso sí, ya que si nos guiamos por la dirección correcta no tardamos mucho en volver a encontrar nuevas señales de la senda. Ya por aquí se va dejando ver la cascada de vez en cuando. Cerca de nuestro destino, la pared de la montaña por la que caminamos se levanta y se vuelve más inclinada hasta llegar a una especie de esquina donde el regato gira a la derecha bruscamente, y la única forma de seguir es escalar por una cresta empinada de pizarra a la que llaman “La Librería”, con mucho cuidado ascendí por ella mientras paraba de vez en cuando a echarle fotos a la cascada que me tenia embelesado.

  Y aquí os dejo las fotografías de esta senda:

 

(Podéis ver las imágenes mas grandes dándoles botón derecho y “ver imagen”)

 

Y algunos enlaces que os pueden interesar sobre esta y otras sendas:

 

http://www.magrama.gob.es/es/desarrollo-rural/temas/caminos-naturales/caminos-naturales/sector-centro/rivera-acebo/rivera_acebo.aspx

http://apatita.com/senderos/caceres/sierra_gata/cascada_cervigona.html

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Un poco de senderismo.

El Jueves 22 a la tarde, me llamó mi amigo Jorge Garrido, fotógrafo y editor de la revista “Aracena Natural”, quedé con él en la nacional A-470 donde sale el camino hacia la finca Las Nanas, y de ahí fuimos andando hacia donde cruza esta carretera el sendero Castaño del Robledo - Riotinto, el cual cogimos en dirección Riotinto durante un kilometro o dos, más o menos.

Este sendero, en este tramo que recorrimos,  discurre paralelo al Barranco de los Chorreros que pasa a llamarse Rivera de Santa Ana o del Gallizo más adelante, donde se le unen los barrancos de Los Casares y de La Presa.  La vegetación de rivera es muy abundante y las fincas a ambos lados son adehesadas con encinas, alcornoques y castaños, también algún que otro huerto particular linda con el sendero. El paisaje que forma el conjunto de todo esto, es idílico y  parece que hiciera un llamamiento a sacar la cámara y no parar de hacer fotos. Se le suman también un par de saltos de agua construidos por el hombre para el abastecimiento de agua, que crean un sonido majestuoso junto con el canto de cientos de pájaros e insectos. Todo un deleite para los sentidos, aquí la vista, el oído y el olfato no paran de trabajar, al menos en primavera.

Dos o tres puentes construidos en madera para que el peatón pueda cruzar sin mojarse, el arroyo, aparte de permitirnos continuar, hacen más vistosa si cabe, estos puntos del camino, dándole también un poco de contraste al paisaje con sus tonos marrón.

El agua corre monte abajo ofreciéndome infinitas formas en sus saltos de las que yo solo puedo capturas unas pocas figuras de cristal con mi cámara.

¡Hasta la próxima!

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Alrededores de la finca.

Ayer por la tarde me pude dar una vuelta por la finca con la intención de conocer un poco la zona, ver sus árboles, encontrarme algún bichejo (Peter me habló de que había visto jabalís por aquí),  subir a lo alto de estos montes a divisar algo de paisaje,…, y lo que me pudiera encontrar.

Seguí el camino de la cerca de las gallinas con la intención de verlas a ellas también, que todavía no las había visto, les tire unas fotos y continué hacia el arroyo que pasa por la cara sur-oeste de la finca, que ya por la mañana le había echado el ojo mientras desbrozaba, y donde vi una pareja de tritones jugando, o eso creo que son, ya mi amigo Feliciano me sacara de dudas y me dará mas detalles, aquí le dejo la foto.

Justo antes de llegar al arroyo, me encontré la pequeña bodega que Peter tiene hecha en el hueco de una roca al lado del arroyo. Y poco después con una fuente natural en la que Peter ha hecho un pequeño asiento de piedras y ha dejado allí una taza de chapa, supongo que para pasar allí los ratos relajados tomando un poco de esta agua tan rica, tesoros que guarda la Sierra de Aracena.

Después salté la valla que pone limite a la finca para adentrarme ya en el arroyo, que recorrí abajo y arriba hasta donde pude seguirlo, para buscar de nuevo a los tritones que vi esa mañana, me resulto muy difícil encontrar alguno, ya por la tarde, pero finalmente di con uno varias decenas de metros más abajo de donde los divisé esa mañana, por el arroyo y mientras buscaba a los escurridizos tritones, fui encontrándome con pequeños y preciosos saltos de agua, que me hicieron más de una vez quedarme boquiabierto durante un rato, contemplándolos.

El canto de los pájaros y sus rápidos movimientos me acompañaron todo el camino, sin llegar a identificar ninguna especie en concreto todos fueron paseriformes y algún córvido, no me dejaban atisbar nada más de sí mismas. Volví arroyo arriba de nuevo, y seguí la linde de la finca por su lado norte, quería llegar a la parte más alta de la finca y comprobar las copas de los altos pinos que la coronan por si encontraba alguna rapaz por allí, no tuve mucha suerte en esta búsqueda. Pero continué mi camino hacia delante, y al llegar a la zona donde me tocaría desbrozar a la mañana siguiente, salte de nuevo la vaya a la parte del vecino, ya que el matorral por este lado era muy abundante, y por el lado del vecino discurre un camino que hacia mas fácil mi andar. Continúe la senda sin más novedades y algo desubicado  hasta que llegue a lo alto del salto de Los Chorros, lo baje por un pequeño sendero y en su parte baja descanse un rato, en sus remansos pude observar de nuevo numerosos tritones, sorprendido me quede de ver tantos cuando un  rato antes tuve que esforzarme bastante en buscarlos.

Para terminar la tarde aquí, me hice un autorretrato para el recuerdo usando la puerta que da acceso a Las Nanas como trípode improvisado para la cámara. Para, luego,  volver por aquí de nuevo a la casa, ni rastro de Jabalís, ni nada parecido.

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