Un poco de turismo

Hoyos y Moraleja.

El miércoles cuatro de Junio por la tarde tuve la oportunidad de acercarme a estos dos pueblos de la provincia de Cáceres para pasear un poco por sus calles, y, antes de continuar contándoos cosas, he de decir que, a mi particularmente me encantan los pueblos pequeños con encanto, un encanto que suele venir porque al pasear por un pueblo de estos que me gustan, sus calles me hacen regresar a épocas pasadas, sean veinte o doscientos años, estos pueblos a los que me refiero hacen volar mi imaginación y mientras los recorro, en mi mente se empiezan a recrear historias imaginarias de cómo era la vida en esas calles, en la época que me inspiran, transeúntes, artesanos, ajetreo, animales,..., en definitiva toda la vida que podría tener ese pueblo en esa época, y  que no se sabe muy bien porque, o quizás sí, hoy día no tienen.

En Hoyos, esa tarde, pare primero, y nada más entrar en sus calles, desde el coche de Beatriz, ya me iba enamorando sus empedradas calles, empedradas fachadas, y sus puertas de madera. Salí del coche y al recorrer nuevos recovecos, empezaba a ver más y más detalles de otro tiempo al que este pueblo quería llevarme, puertas en arco de medio punto timbrado por un escudo supongo medieval, ventanas adornadas con molduras diseñadas siglos atrás, inscripciones antiquísimas en Latín por las paredes, o cartelería tallada en madera que invita a entrar en la taberna que corona,  son algunos de los detalles que hacianme regresar a esa época.

 

 

Seguía paseando,  cuando me tope con la iglesia del Buen Varón, parecía plantada ahí, en medio del pueblo, como un antojo, dividiendo en tres pequeñas plazas las que bien podría ser una sola.

 

 

 

Cuanto más andaba más me gustaba este pueblo, con esos balcones llenos de plantas y flores, y hasta una hermosa tela republicana me encontré por allí.

 

 

 

La plaza las Dos Fuentes, mas detalles, esta vez, alguien había dejado allí un trabajo de los alumnos del colegio sobre Juan Ramón Jiménez y su libro “Platero y yo”, que gustoso leí relajándome un rato sentado en las escaleras de las fuentes que dan nombre a esta plaza.

 

 

De vuelta al punto de encuentro con Beatriz, para desplazarnos a Moraleja, me encontré con un vistoso loro de vivos colores que quería darme conversación, todavía le faltaban muchas palabras por aprender, pero me alegró un rato el “joio”.

 

 

Por moraleja me di un buen paseo también, bastante más largo en la distancia y en el tiempo, y aunque este pueblo no me invitó a sacar la cámara y hacerle fotos, también hice alguna que otra por aquí, como la de la tapia llena de dibujos animados, la mayoría formaron parte de mi televisiva niñez, y es que yo esa tarde estaba por tele-psico-transportarme al pasado de una u otra manera, a uno u otro tiempo, y aquí solo lo consiguió esta tapia, que ya me gustaría a mí conocer al autor de esta obra para, al menos, pegarle un buen estrechón de manos.

 

 

Aunque solo hice esa fotografía para publicarla, Moraleja tiene mucho que ver, como el parque pegado a la rivera de Gata, en la que hay construida una piscina fluvial de la que bien disfrutan sus vecinos cuando el calor aprieta. En este parque precisamente me paré a descansar y escuchar a los numerosos pájaros que aquí merodean, como los jilgueros, martines pescadores, tórtolas,... La Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Piedad, la Ermita de la Virgen de la Vega y la de las Angustias, el pentafinio Rollo Picota, La Milana o Torre Milanera y La Casa-Palacio de la Encomienda son otros monumentos que hay que visitar en este pueblo, entre otras cosas, en mi caso los dejé para otra ocasión.

 

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Lalita y Ecotopia.

  Bueno, pues sigo por donde lo dejé con este nuevo artículo, y para poneros en situación, es de la segunda granja que visité, la finca Sálama en Acebo (Cáceres).

  El primer domingo que pasé aquí, Beatriz Calvo, una de mis anfitriones aquí, me llevo a mí y unos amigos suyos a conocer algunos sitios de los alrededores de este lugar, el primero fue Lalita, una finca-escuela conocida mundialmente por su dedicación a la búsqueda de la espiritualidad, el relax, y el encuentro con la naturaleza, también conocida por sus talleres, cursos y seminarios sobre yoga, música, y otros temas espirituales, creativos y artísticos entre otros.

  Los edificios del lugar fueron diseñados por el fundador de Lalita, Philip Camus, inspirándose para ello en la propia diosa hindú que da nombre al lugar, y de la que surgieron el templo que alberga en su conjunto todas las formas, el albergue que simula un águila con las alas abiertas, el edificio de la carpintería y biblioteca que simula un gran búho o el comedor que representa las escamas de un dragón dormido, entre otros.

  Un magnifico lugar enclavado en una zona privilegiada de naturaleza impresionante, donde el silencio reina, y las personas pueden redescubrirse. Aquí os dejo su web, http://lalita.net, donde os podréis informar mejor y unas fotos que hice ese día de este maravilloso lugar.

 

 

 

  El otro lugar que visitamos este día fue Ecotopia, o también conocido como El Molino, una pequeña aldea utópica en la que la vida sigue sin artificialidades, todo es suministrado por la naturaleza y el tiempo pasa en otra frecuencia más suave.

  Aquí conocí a Ander Urrera que nos enseño a elaborar el Té de Kombucha, una bebida fermentada del té, con unas muy buenas propiedades para el intestino y todo nuestro organismo, que podéis aprender a elaborar e informaros mejor en la siguiente página: http://www.nutribiota.net/blog/blog5.php/el-te-de-kombucha . También nos enseño a elaborar el Chucrut: http://www.nutribiota.net/blog/blog4.php/chucrut y una muestra de uso de un espray limpiador a base de microbios buenos y saludables, todo esto y mucho mas podéis verlo la web de este simpático amigo Ander Urrera: http://www.nutribiota.net .

  Y como en Lalita aquí os dejo unas fotos y las webs de El Molino y Ecotopia: http://www.ecotopia.es/elmolino_on/el_lugar.htm , http://www.ecotopia.es/ .

 

 

  Sin duda este día descubrí un montón de cosas nuevas y fantásticas.

 

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El Calabacino

En esta eco-aldea de  la sierra, vine a pasar la tarde del viernes, un pueblo singular, que algunos medios describen a sus gentes como neoruralistas, yo por mi parte lo dejare en gente de bien, gente que busca otra formas de vida más sana, y más cercana a la naturaleza y a lo humano.

Es pequeña y muy esparcida, unas decenas de casas, unas pocas concentradas alrededor de la plaza de convivencia, y otras algo mas dispersas por los alrededores, mezclándose mucho mas con la naturaleza.

Me pasee un rato por sus callejones y senderos, fotografiando algunas fachadas muy curiosas para mí. Y alejándome un poco me encontré con Sebas, un habitante del Calabacino que muy gustoso se prestó a enseñarme la parcela donde convive con algunas familias más, los niños, y algunos curiosos animalillos, como un burro, unos perros, gallinas, y unos gatitos muy juguetones y glotones.


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